jueves, 28 de octubre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 7: "Matiguás" (Primera parte)

 

Al norte, en el departamento de Matagalpa, a 180 km. de Managua, está Matiguás. Enclavada en la llanura, en las primeras estribaciones de la Cordillera Dariense, era en los años 80, una zona de frontera peligrosa y con combates permanentes. La ciudad tendría por entonces unos cinco mil habitantes.

La revolución sandinista había entrado en Managua el 19 de junio de 1979 para terminar con la sangrienta dictadura de la dinastía Somoza. Hoy vemos que Daniel Ortega resultó un fraude, tan sanguinario y perverso como el peor de los dictadores, pero en esa época, la esperanza estaba puesta en él que, de uno u otro modo, era una de las cabezas del movimiento. A partir de ese mismo año, Nicaragua se había transformado en terreno de experimentación de una modalidad de lucha llamada "guerra de baja intensidad". Este era el nombre dado por la administración Reagan desde los Estados Unidos, aliados de las dictaduras centroamericanas a ese tipo de conflicto. La guerra de baja intensidad consistía en establecer embargo económico, cerco diplomático y agresiones militares. Violencia y destrucción eran los elementos básicos. Por otro lado, las Fuerzas Sandinistas de Liberación Nacional habían inspirado su movimiento en el tipo de lucha implementado por Fidel Castro y el Che Guevara en Cuba; este movimiento revolucionario basaba su fuerza en la lucha armada rural y en la subestimación de la resistencia urbana.

Estos sistemas siempre acarrean para los pueblos que los padecen, enormes costos en vidas humanas, agudización del sufrimiento de los más pobres como resultado de la pérdida progresiva de la economía autóctona y problemas de abastecimiento de todo tipo a causa del bloqueo. Al pueblo de Nicaragua el enfrentamiento armado le costó más de 50 mil muertes, la destrucción de gran parte de su estructura y la obstaculización del desarrollo que la revolución quería impulsar.

Matiguás fue una de las poblaciones que se vio más afectada. La producción cafetera prácticamente se perdió, y la lechera, que era otra de sus magras fuentes, desapareció.

La Comunidad del lugar se había formado ya. Las Hnas. Felicia y Gloria trabajaban en la evangelización, y Nieves, como enfermera, estaba a cargo de la parte de salud.

La congregación de sacerdotes regenteaba el Colegio San Francisco. Durante la revolución, cayó una bomba y destruyó casi la totalidad del edificio; el fuego se llevó los libros de administración, los registros y todo quedó en medio de un desastre. Fue entonces cuando los sacerdotes le pidieron a las Misioneras del Sagrado Corazón que se hicieran cargo del Colegio mientras ellos comenzaban la construcción de un nuevo edificio.

Colegio San Francisco de Asís en Matiguás

Los católicos del lugar eran casi todos partidarios somocistas, también lo eran los profesionales. La comunidad de los franciscanos estaba, evidentemente, dividida. El que más cercano estaba al pueblo pobre y a los ideales de la revolución era un cura italiano llamado Mauro Iacomelli, comprometido a fondo con la lucha social.

Fue en esa época cuando Matilde llegó a Matiguás. La habían destinado como superiora de la comunidad y para que asumiera la dirección del Colegio.

Las Hermanas de la región, en ese momento liderada por la Hna. María Barbagallo, consideraron la situación y decidieron que lo conveniente sería darle al colegio una orientación agraria. Ya habían tenido la experiencia en La Inmaculada de Diriamba. Así nació el CBP, Ciclo Básico de Producción, con especialidad en ganadería.

La zona era rica en la producción de café, pero el suelo arcilloso nunca había permitido el crecimiento de una buena pastura. A pesar de eso, algo podía hacerse con la cría de ganado vacuno.

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lunes, 25 de octubre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 6: "Nicaragua" (Segunda parte)

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"Un domingo iba yo a la segunda Misa en la catedral de Diriamba. Por la misma vereda venía un señor que había asistido a la primera celebración. Cuando estamos frente a frente me mira cargado de odio y me dice, poniéndose muy cerca de mi cara: ¡comunista! Así eran las cosas, de tal modo que cuando la secundaria pasó a ser con orientación agrotécnica, mucha gente sacó a sus hijos del Colegio. Lo consideraron un acto con inclinación política".

Las hermanas, sobre todo las nicaragüenses y las guatemaltecas, pero también las que no eran centroamericanas, no se amedrentaron. Siempre, la tierra de misión se convierte en la propia patria. Las necesidades se veían venir y había que poner el hombro. Los varones iban a los combates, las fuerzas de "la contra" tenían cerradas las fronteras con Honduras y El Salvador y no podía entrar a Nicaragua mano de obra para recolectar el maíz. Las mujeres tomaron la posta y con ellas, las Hermanas. Codo a codo con el pueblo, acopiando todo lo que se podía para evitar una hambruna que, como siempre en tiempos de guerra, es una amenaza más. Entonces, la oración se lleva al campo de trabajo, el Angelus se reza viendo caer el sol entre los surcos, con el sudor de todo el día pegado a la piel y a veces, con las balaceras como telón de fondo. La comunión es con el pueblo mismo, con las mujeres curtidas que acarrean a sus hijos entre los cafetales.

"La Hermana María Barbagallo era la Regional. Ella estaba atenta y trabajando en todo, en la vacunación, en la educación, en la recolección del café. Salió al campo con otras hermanas para la colecta del café y del algodón. Se fue a cosechar porque había que cubrir la mano de obra faltante. Era una necesidad económica para el país levantar la cosecha. Nosotras íbamos por el bien del pueblo. Había que estar al lado, había que hacer eso. Son opciones que van forjando un estilo de devoción, de unión con Dios, de ver su voluntad de tal forma que no se puede eludir".

Colegio La Inmaculada en Diriamba

Diriamba y el Colegio La inmaculada fueron preámbulo y, al mismo tiempo, punto de quiebre. A partir de ahí Matilde sintió que su espíritu misionero volvía a dar un giro y esta vez, definitivo.

"En mi vida consagrada, todo lo vivido en Nicaragua, especialmente en Matiguás, fue un despertar misionero totalmente distinto. Distinto a la catequesis, a los colegios... a todo".



jueves, 21 de octubre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 6: "Nicaragua" (Primera parte)

 

Así fue que en febrero de 1979 Matilde llegó a Nicaragua.

Estaban las hermanas trabajando en la redacción de los Documentos en Roma y la Madre General habló con Matilde. Le comunicó que su pensamiento era mandarla a Nicaragua para que se hiciera cargo del seguimiento de las Junioras. La consulta en realidad era para saber si estaba dispuesta a ser parte activa del equipo de formación en Centro América.

"Con toda delicadeza la Madre General me preguntó cómo reaccionaría mi mamá, ya con una cierta edad, frente a un cambio así. Le dije que ella no diría nada porque, con dos hijas religiosas, tenía muy claro que se trataba de una misión. También le dije que, sin embargo, yo sabía que la formación no era lo mío. Nunca quise tener esa responsabilidad porque sabía que eso no era para mí".

El traslado se hizo igualmente. Pasó un tiempo en Diriamba, pero muy poco trabajando en la formación. Sí, en cambio, tomó la dirección del Colegio La Inmaculada, y trató de poner un poco en orden, como si esto fuera siempre su destino, la economía de la región. La Hermana María Barbagallo era regional en ese momento. Creyeron que era conveniente darle un giro a la educación con la que se formaba en La Inmaculada y la transformaron en escuela agrotécnica. Era un tiempo políticamente muy convulsionado. El movimiento sandinista tomaba mayor fuerza y los combates armados se sucedían en distintos pueblos y ciudades nicaragüenses.


Matilde recuerda que:

"Estando en Diriamba, nos quisieron dar armas y enseñar a manejarlas. Yo les dije que no, ¡ni loca! En ese momento, la mayor parte de las personas se preparaba para eso, estar armados para defenderse. Algunos, aunque no adherían totalmente al sandinismo, se acercaron al movimiento porque les ofrecían educación y salud. Se organizaban, y en ese momento creyeron sinceramente saber lo que era la libertad”.

De cualquier manera, Matilde siempre tuvo la mirada atenta, no dejó nunca de ser observadora aguda y siempre puso en oración las cosas que se le presentaban. Varios testimonios de quienes convivieron en esa época afirman que muchas hermanas y también sacerdotes y religiosos, estaban muy comprometidos con la causa de la revolución y que, incluso el convento y lo que parecía ser auténtica vocación, fue usado para trabajar desde ese lugar seguro como correo. ¿Hasta dónde podía uno estar seguro? Estar junto al pueblo y compartir los deseos de libertad y de progreso que la revolución traía era una cosa, pero involucrarse hasta llegar a niveles que entraban en conflicto con la vida consagrada, entrañaba un peligro tanto para quien lo hacía, como para la comunidad a la que pertenecía. Familiares de algunas hermanas participaron activamente de la revolución y llegaron a estar encarcelados. Ha pasado que algunas religiosas entre las más jóvenes desaparecían durante días y después regresaban sin dar explicación alguna. Nadie preguntaba nada. Suele ocurrir que tener información, se vuelve más peligroso. Al respecto, Matilde es prudente, no da nombres, tampoco lo afirma taxativamente; dice que “podría haber sido así". Cuenta, ella y también otras hermanas que eran de la comunidad, que los tiroteos eran frecuentes por las noches; que había movimientos raros por las calles e incluso frente al Colegio. Pero no dice más. Deja en claro, sí, que había mucha gente que tenía los ojos puestos en la comunidad, sobre todo la gente de mayor poder adquisitivo y más conservadora, partidaria de la dictadura somocista.

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lunes, 18 de octubre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 5: "A cargo de la Provincia" (Segunda parte)

 

En ese tiempo, salió una moratoria para las jubilaciones; todavía estaba en la Comunidad de Caballito la Hermana María Escudero, quien hace muchos años entró a la clausura; le pedí que fuera apoderada junto conmigo y poco a poco, conseguimos sacar la jubilación de veinte hermanas; nos ocupamos también en tramitar la de otras que ya no estaban en el Instituto, que habían salido. Providencialmente, y a pesar de que en su momento fue para muchas motivo de escándalo, con lo que ingresó gracias a esos haberes jubilatorios, pudimos salir adelante, porque las hermanas cobraron con muchos retroactivos. Me tuve que ocupar de eso porque no había otra forma de sostener las misiones. También se vendió la casa vieja de Villa Mercedes que estaba a dos cuadras de la Iglesia principal. Era una edificación antigua, con paredes de barro y se empezó con los trabajos en el Sagrado Corazón. El dinero que se obtuvo se puso en el banco. En la Argentina estaba empezando un período político muy difícil. Perón había muerto y su mujer había asumido la presidencia. Uno de los padres de Caballito, de suma confianza, me aconsejó un tipo de inversión que, sabiendo quién me estaba asesorando, hice. Él conocía por su trabajo mucho del tema. Después de eso, inmediatamente, tuve que viajar a Italia. El asesoramiento fue tan acertado que cuando regresé, encontré que la suma que habíamos invertido se había triplicado. Este señor me había dicho que no era momento de hacer plazos fijos ni de dejar el dinero quieto, sino de comprar bonos nacionales. En Roma estuve bastante tiempo, no sé, creo que un mes. La Hermana Constantina era la ecónoma en ese momento y con ella habíamos comprado esos bonos a cincuenta pesos cada uno, a mi regreso, habían subido a ciento cincuenta. La Hermana Luján estaba en Capilla del Monte y con dificultades para pagar a las maestras: el dinero que se había obtenido sirvió para eso y para otras cosas que había que cubrir”.


Como en toda época de crisis institucionales, las aguas se dividen. La Provincia Argentina vivió momentos de correntadas turbulentas ciertamente dolorosas. Hay hermanas que recuerdan cómo algunas comunidades, como la de Santa Rosa Centro, dejaban a Matilde esperando en la calle sin abrirle la puerta. Las cosas se llevaban a nivel personal y algunos colegios se atrincheraron como territorios particulares. Pero conflictos hubo en la primera comunidad de los apóstoles y seguirá habiendo, sin dudas, hasta el fin de los tiempos. Fue muy difícil conciliar las posturas de las Hermanas en esa época. Matilde enfrentó desplantes y acusaciones que, como ella misma cuenta, llegaron hasta la misma Madre General. Armaron también especie de "tribunales internos" en los que se juzgaban sus actitudes y determinaciones como Provincial.

Evidentemente, fue una obediencia que debió acatar, pero que no le había caído grande como ella dice. Fue, justamente, asumir por obediencia una responsabilidad en una época particularmente complicada; un servicio que no todas aceptaron o comprendieron la forma de prestarlo, sobre todo, algunas hermanas establecidas en comunidades desde mucho tiempo, con carácter fuerte y con la costumbre de manejar las cosas muy a su manera, particularmente en el aspecto económico. Todo esto fomentaba más fricciones que espíritu de colaboración y de acuerdo.



jueves, 14 de octubre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 5: "A cargo de la Provincia" (Primera parte)

 

Concilio Vaticano II

Después del Vaticano II la vida religiosa, entre otros cambios fundamentales, empezó a abrirse más al contacto con el exterior. Empezaron tiempos conflictivos para el Instituto. Las directivas de la Sagrada Congregación para Religiosos invitaban a revisar con detenimiento las Reglas y a comenzar el “aggiornamento”, lento, pero respetuoso y sostenido de costumbres tan arraigadas. En ciertos sectores del Instituto, no solamente de las Misioneras, si no de todas las demás congregaciones, había resistencia; seguía instalado el miedo al cambio que ya se había visto en las comunidades que eran visitadas por las hermanas enviadas a supervisar. Por un lado, era grande el temor a que el carisma fundacional se deteriorara y por otro, sobre todo en las generaciones más jóvenes, se acentuaba la esperanza de que el cambio trajese un aire revitalizador que, por el contrario, volviese a la amplitud de espíritu que había tenido la Santa Madre. Esto, si bien no provocaba divisiones, como mínimo, creaba un clima de disenso. Habían empezado a correr los años 70.

La Hermana Flora era por entonces Provincial. El Capítulo General la eligió como Asistente por América Latina y su destino fue Roma. En su lugar, la Asamblea de la Provincia Argentina, nombró a Matilde. Ella cuenta este tiempo de esta manera.

"Aceptar ser Provincial fue para mí un acto de obediencia. Obediencia a algo que me cayó grande. Yo no me sentía cómoda en el tipo de relaciones sociales en las que era preciso hablar y asumir compromisos de interacción, sobre todo con las comisiones de padres y eso. Había cosas que ya estaban establecidas; los padres de familia empezaban a tomar parte en la administración. Yo había puesto mis objetivos en otros aspectos de la misión y verdaderamente me costó mucho. No todos los laicos que se acercaban tenían buenas intenciones; éramos muy nuevas en este cambio y era difícil detectar quién venía con otros intereses; de hecho, hubo algunos fraudes; los más importantes fueron económicos. Recé mucho y tomé la decisión de no seguir el libreto que ya estaba establecido. Lo sabía, y en efecto, esto causó conflictos muy serios dentro de la Provincia. Tomé las cosas en mis manos, me hice cargo sobre todo de la parte económica y empecé a hacer los balances generales yo misma ayudada por la secretaria del Colegio de Caballito. Esto fue motivo de mucho sufrimiento para mí y entiendo que también para otras hermanas que pensaban distinto. Cuando viene para la visita a la Provincia la Madre General, la Hermana Regina Casey, me preguntó si era verdad que yo, como Provincial, me ocupaba solamente de las cosas materiales, del dinero, y no de las hermanas. En realidad, esa era la acusación que se me hacía. Le dije que en parte era verdad y que debía hacerlo porque había recibido una Provincia con una caja de trescientos pesos y ni un centavo más. Tenía la gran responsabilidad de sostener los colegios: Capilla del Monte, Regina Coeli... las comunidades, y me vi obligada a poner gran parte de la energía en sacar esa situación adelante. Yo nunca dudé en que tratar de sacar adelante la Provincia, aliviar las necesidades de los colegios y las comunidades era, al mismo tiempo, ocuparme también de las hermanas.

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lunes, 11 de octubre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 4: "Matilde docente" (Segunda parte)

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Matilde también ejerció la docencia en la escuela de Capilla del Monte. Allí fue maestra y directora. Pero la escuela no fue su límite.

"...también daba catequesis. Me comprometí mucho con la pastoral de la parroquia; ahí daba catequesis y preparaba para los sacramentos. Lo que quiero decir es que siempre, además de la misión que me era asignada, me proyectaba hacia afuera, pero nunca sola: las maestras, las alumnas, como en Villa Mercedes, y las exalumnas, se comprometían con la pastoral también”.


Aquí, nuevamente, la voz de la Santa Madre se hace carne en Matilde:

“Este interés es el resultado natural del afecto particular que les tengo, como hijas predilectas de la gran familia que el Corazón de Jesús ha confiado a mis cuidados. Más que en el terreno en el que, junto con mis hijas, estoy llamada a sembrar la buena semilla de una sólida educación cristiana, YO LAS CONSIDERO COMO COOPERADORAS NUESTRAS, DESTINADAS A ESTAR JUNTO A NOSOTRAS EN LA GRAN EMPRESA DE LA SALVACIÓN DE LAS ALMAS" (Viajes; Desde Nueva Orleans, mayo de 1904; Carta a las ex alumnas del magisterio de Roma; pág. 509-510).

A finales de 2015 se reunió en la Casa Regional de Argentina un grupo de exalumnas. El motivo fue celebrar los 50 años de haber terminado el ciclo primario siendo alumnas de Matilde. Fue un encuentro cargado de emoción. Esas chicas que ella vio pasar por las aulas, jugar en los patios, llorar por cuestiones infantiles, aprender con entusiasmo, ahora son mujeres, madres y en algunos casos, abuelas. Muchas también, fueron maestras y profesoras en los Colegios del Instituto, pero nunca, de este grupo numerosísimo, salió una vocación.

"... esa es una de las cosas que pienso con frecuencia. De todo mi trabajo pedagógico y pastoral a través de los años, no surgió una sola vocación. Sin embargo, de entre las exalumnas, surgieron muchas vocaciones laicas. Las hay todavía trabajando acá, en Buenos Aires, en la Pampa, en Roque Pérez. Son chicas, mujeres que se pusieron al frente de la catequesis en parroquias y en colegios. En esa reunión con las exalumnas les dije: ustedes son parte de mi vida como maestra y como misionera. Yo rezo siempre, siempre (y eso también se lo debo a Madre Serena), por el fortalecimiento en la fe de aquellas que he tenido como alumnas. Madre Serena me decía siempre: ‘el fruto se ve después. Ahora hay todo un clima de rebeldía. No quieren ir a Misa, se resisten... es con el tiempo que vamos a poder ver los resultados’. El poder vivir el espíritu misionero dando catequesis, tanto en los colegios como en las parroquias, y también mi vocación como maestra, lo sentí como una siembra. Miraba a estas mujeres que fueron mis alumnas en primer grado. Las observaba mientras se celebraba la Eucaristía y se notaba que eran mujeres de fe. Algunas con sus cosas, claro, los problemas de la vida, pero en la mayoría pude ver que aquello que había sembrado tantos años atrás, aún quedaba".

Una alumna de la escuela de Matiguás, Aidalina González, que después de terminar el ciclo escolar trabajó con Matilde, rememora:

"Me causa alegría recordar a esta mujer que nos formó y nos forjó para ser transformadores sociales. Ella ha sido en este pueblo, pilar fundamental para la expansión del Reino de Dios. Los que estudiaron y trabajaron en el Colegio durante los años ochenta comprenderán muy bien esto que digo. Fue una época de grandes cambios y ella nos preparó para ser personas completas de verdad, con valores éticos y morales, y nos dio herramientas para ser ciudadanos y profesionales de fe y exitosos".

 

jueves, 7 de octubre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 4: "Matilde docente" (Primera parte)

 

Los estudios de Matilde continuaron cuando ya había ingresado al Instituto. Inés (Flora), entró poco tiempo después y juntas, mientras completaban el primer año de postulantado, comenzaron el Magisterio. Cuando regresaron del noviciado en Brasil, se prepararon y rindieron como alumnas libres el segundo año. Completaron el ciclo y se recibieron de maestras en Santa Rosa, Caballito.

Flora fue destinada a la Comunidad de Rosario y Matilde a la de Santa Rosa, Centro para volver, muy pronto, a Caballito como maestra.

Como lo ha hecho siempre con lo que le toca emprender en la vida, Matilde puso en su trabajo como docente todo su empeño y dejó que su mirada fuese siempre un poco más allá.

"Como maestra traté que los alumnos aprendieran las cosas básicas, siempre teniendo en cuenta sus realidades, motivándolos a que investiguen ellos mismos, siempre acompañándolos, por supuesto. Empecé a buscar e interiorizarme de las novedades que iban apareciendo en el campo de la educación y que en ese momento empezaban a llegar a la Argentina. La educación nunca debe ser una cosa que resulte pesada, sino algo que entusiasme".

Uno de los métodos que estaba empezando a usarse en ese tiempo era el Bleger de lectoescritura. Promocionaba la forma de alfabetizar cantando, de manera que los chicos disfrutaran del aprendizaje y lo viviesen como un juego serio. Inmediatamente, Matilde asistió a los cursos que el mismo Bleger vino a dar al país. Lo mismo hizo cuando uno de los cinco matemáticos más importantes del mundo, trajeron el revolucionario sistema de "las regletas".

"Siempre me preocupé por mejorar y hacer más dinámicas las formas de enseñar, aplicando métodos que hicieran más agradable el hecho de aprender y que lo aprendido, calara más profundamente con la realidad de la vida. Las prácticas con animalitos, con flores, con visitas a los lugares históricos, hacía que todo fuera más ameno y los chicos se entusiasmaran de verdad. Cuando llegó el matemático de las regletas con su novedad, fue una verdadera revolución. Los chicos aprendían álgebra y geometría con el geoplano. El matemático era el egipcio Caleb Gattegno; eran los años '60 y lo que se buscaba era hacer más dinámicas todas las formas didácticas. ¡A mí me había costado tanto aprender los teoremas!... y ellos, con las gomitas de color y el geoplano, comprendían todo perfectamente, lo palpaban, lo comprobaban por ellos mismos".

Caleb Gattegno


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lunes, 4 de octubre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 3: "Villa Mercedes, San Luis" (Sexta parte)

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Matilde no lo dice, pero a pesar de lo abierta que era la comunidad, la presencia del muchacho traía roces. No todas las hermanas estaban de acuerdo; algunas eran mayores ya y les parecía que no correspondía, a pesar de que ni lo veían, porque debía estar quieto, siempre en reposo en ese cuarto al que se accedía por el patio. La recuperación se prolongaba y para evitar más controversias, cuando hubo algún progreso y mejoría, le buscó un lugar en el que pudieran atenderlo y donde no se malograra lo conseguido hasta entonces.

"Busqué una pensión, conseguí una no muy lejos, por Caballito; después, cuando estuvo mejor, otra por el barrio de Liniers y finalmente, mientras estudiaba, logramos un lugar en un pensionado de los Jesuitas, en la calle Sarandí. Llegó hasta tercer año de abogacía, pero no siguió estudiando. Tenía que trabajar para mantenerse, así es que consiguió un puesto como telefonista en el Congreso, en el Senado de la Nación y desde entonces, no paró de progresar. Ocupa aún un cargo en el mismo Congreso como asesor en la Comisión de Trabajo para Discapacitados dependiente de la Organización Internacional del Trabajo, la OIT".

Con los años de dedicación y cuidado de Humberto, Matilde terminó de descubrir y asumir definitivamente el instinto materno, pero también empezó a manejar algo de lo que años atrás, Madre Serena le había mostrado: la libertad; la libertad de conciencia y como resultado, la libertad de acción frente a las necesidades urgentes de aquellos que Dios va poniendo en su camino. Ve la necesidad y actúa. Nada la detiene. Se deshace de aquella atadura legalista de la postulante que se escondía a estudiar las Santas Reglas de memoria para ver, obsesivamente, en qué no se estaban cumpliendo. Ella, tal vez, no lo quiere ver como libertad porque puede llegar a sentirlo reñido con la obediencia, pero hay firmeza y rectitud de intención en sus convicciones. Todo pasa por el filtro de la oración y tiene que sentirlo muy profundamente como puesto por Dios delante de sí. Una vez que tiene claro que así es, no hay argumento que pueda destruir o contaminar su actitud frente a la misión.

"Dios ha querido ponerme en el camino, casi siempre, personas que necesitaban un apoyo fuerte para vivir, para romper cualquier motivo de sufrimiento. Nunca, nunca jamás puede ir contra la voluntad del Señor. Recuerdo ahora que a la capilla del cementerio de Villa Mercedes iba siempre un joven de unos treinta años que no podía caminar, se arrastraba. Yo no tenía paz mirándolo y me torturaba preguntándome por qué tenía este hombre que arrastrarse así, por qué vivir de una manera tan indigna. ¿Cómo era posible que no tuviera una silla de ruedas para moverse mejor? No paré hasta que conseguí una. Dios me pone enfrente personas así. Yo siento, humildemente lo siento, que a mí, Dios me pide que lo ayude. No puedo permanecer ciega ante una necesidad básica. Antes de conocer y ocuparme de Humberto, vi un señor que estaba también en silla de ruedas pero que no tenía fuerza en las manos para impulsarse. Busqué y busqué hasta que conseguí un pequeño motor y alguien que lo adaptara a la silla. No tuvo que hacer más esfuerzos, ¡estaba feliz! No sé, este fue el primero, después Humberto... y después, fue Nicaragua”.

Humberto Sottile es ahora un hombre ya mayor, a punto de jubilarse. Fue presidente de la Comisión de Discapacidad del Senado de la Nación, y asesor en la redacción de leyes que igualan el acceso a las posibilidades de trabajo de las personas con discapacidad. Ha tratado de devolver lo que, por la gracia de Dios, ha recibido de esta hermana que se define a sí misma como una “monja con hijos".