viernes, 27 de marzo de 2020

jueves, 26 de marzo de 2020

El "celo devorador" (3ra Parte)



Hna. María Barbagallo, Liberaos y alzad el vuelo
Codogno 2018




Capítulo 5:
El "celo devorador":
Todo a la Mayor Gloria del Corazón SS. de Jesús




En vano encontraremos entre los escritos de Madre Cabrini la frase: “opción por los pobres” o alguna semejante. A pesar de ocuparse de tantos pobres y abandonados en aquel tiempo de los emigrantes italianos, Madre Cabrini sintió siempre que la mayor pobreza para una persona es no conocer a Dios, no poderlo amar, no poder sentir la salvación como un banquete al cual poder acercarse. Su opción por la humanidad sufriente fue fundamentalmente motivada por el celo devorador para la gloria de Dios. Dar a conocer a Dios y hacer que sea amado es la gloria que se le puede dar a Dios y esto se puede hacer efectivo “poniendo el bien en lugar del mal”, llevando amor donde hay odio, paz donde hay destrucción, comunión donde hay división. Esto se puede hacer con la regeneración de las personas, ayudándoles a encontrar la dimensión justa de su existencia, reconstituyéndolas en su dignidad como personas con derechos, deberes, libertad y respeto. Y por todo esto cada Misionera debe ofrecer su sacrificio:

“Nosotras no podemos nada, porque somos pobres y miserables, pero procuremos tener fe viva y confianza en Aquel que nos conforta; dilatemos las fibras de nuestro corazón, ayudemos a tantas almas yacentes bajo el yugo del rey de las tinieblas, rompamos con el fuego ardiente de la caridad las pesadas cadenas que las tienen atadas a la terrible servidumbre del diablo y, cuando veamos que nuestras fatigas han caído en el vacío, echémonos a los pies de Jesús y, gimiendo por la iniquidad del mundo, supliquemos a su Divino Corazón que abra el tesoro de su infinita misericordia, y luego pongamos de nuevo manos a la obra, sin dejarnos vencer por el cansancio. Las dificultades no deben abatir a la Esposa de Cristo, sino al contrario, deben hacerla más fuerte y constante. Por lo tanto, no os desaniméis por las repulsas, las irrisiones, sino caminad siempre adelante con la serenidad y la fortaleza de los ángeles, porque vosotras sois los ángeles de la tierra y debéis seguir vuestro camino en medio de tantas corrientes contrarias. Cuando las cosas son fáciles, todos son buenos; pero es en la dificultad donde se prueba la fidelidad y la constancia.”[1]

La gloria de Dios reside en su Corazón misericordioso y aumenta cuando esta misericordia es derramada sobre la humanidad. A esto apuntó toda la obra cabriniana, para dar a conocer la misericordia del Corazón de Jesús a través de la propia santificación, la interiorización del amor de Dios que se hace misión, el deseo de comunicación y celo devorador. A este propósito Madre Cabrini rezaba:

“Haz mi corazón tan ancho como el universo, dale siempre un nuevo impulso a mi espíritu…”[2]

Y si esto comporta la inmolación de sí misma, la Esposa verdaderamente enamorada, debía estar dispuesta:

“Sacrifiquémonos e inmolémonos por nuestro queridos hermanos, que le han costado a Jesús nada menos que el precio de su sangre; por estos hermanos que, debido a una gran ignorancia, pierden la herencia de los hijos de Dios, y se quieren hacer infelices por una eternidad. Tratemos con todas las fuerzas de apartarlos del precipicio.”[3]



[1] Cfr. Entre una y otra ola, pág. 413-414
[2] Cfr. Pensamientos y Propósitos, pág. 165-166
[3] Cfr. Entre una y otra ola, pág. 81

El capítulo completo lo encuentran en la carpeta "Material" o haciendo clic aquí.



miércoles, 25 de marzo de 2020

Carta de la Hna. Bárbara Staley





CURIA GENERALIZIA
MISSIONARIE DEL SACRO CUORE DI GESÙ
00135 ROMA - Viale Cortina D’Ampezzo, 269

Tel. 06 35505721 – 06 35505949 - Fax 06 3017520
E-Mail: segreteria@msccuria.191.it




19 de marzo de 2020

Queridas Hermanas y Laicos corresponsables,

Reciban mis más cordiales saludos. Les escribo en esta celebración de San José, el Santo Patrono de la Iglesia Universal, de las familias, los padres, las mujeres embarazadas, los viajeros, los inmigrantes y los trabajadores en general. Que podamos ver la gracia de Dios también en esta experiencia cuaresmal que estamos compartiendo con la crisis del Covid-19.
Gracias por su amor y oración en este período tan difícil que afecta a todo el mundo. Todas nuestras misiones esparcidas en las distintas partes del mundo, fueron y siguen siendo una gran fuente de esperanza e inspiración para muchos. Sus actos generosos de servicio salvan y mejoran la vida de un gran número de personas, demostrando un verdadero ejemplo de nuestro carisma en acción.
Este es un tiempo de la historia, en que con el trabajo conjunto emprendemos el mismo viaje hacia nuestra gran misión. La manera en que actuamos, lo que decimos, la forma en que nos tratamos unos a otros, el corazón con el que respondemos, será contado por las generaciones futuras. Como Instituto, nuestra posición sobre la pandemia de COVID-19 es de fe y acción. Ponemos nuestra confianza en el Corazón de Jesús y en la amorosa intercesión de la Madre Cabrini. También tomemos las medidas necesarias para asegurarnos de que nos preocupamos por toda la humanidad. Hemos tomado en el Generalato medidas pro-activas siguiendo los decretos nacionales, y estamos seguras de que ustedes están actuando de la misma manera. Entiendo que pueden estar experimentando muchas formas diferentes de desafíos en las diversas partes del mundo; el Consejo General y yo estamos solidarizadas con ustedes.
En términos de acción, les solicitamos en este momento que:
§  Tu contribución para detener el virus:
o   Lavarse las manos a menudo (usar agua y jabón durante al menos 20 segundos);
o   Evitar el contacto cercano no necesario con otras personas, en la medida de lo posible evitar el contacto cercano con personas que estén enfermas;
o   Evitar tocarse los ojos, la nariz y la boca. Si deben tocarse los ojos, la nariz y la boca, lávense las manos o desinféctenlas antes y después;
o   Cubrirse al toser o estornudar. Toser o estornudar en un pañuelo, luego tirar el pañuelo a la basura y lavarse o desinfectarse las manos;
o   Limpiar y desinfectar los objetos y superficies que se tocan con frecuencia (incluyendo el teléfono móvil). Limpiar con frecuencia su espacio personal, como las 2 oficinas de trabajo (incluidos los teléfonos y los teclados), los mostradores y los picaportes de las puertas;
o   Si sus empleados van a entrar al trabajo, por favor proporcionen un desinfectante de manos adecuado en los lugares de trabajo;
o   Opten por las reuniones virtuales y de teleconferencia, por ejemplo, a través de Skype o Zoom.
o   Permanecer en casa cuando se sientan mal y buscar consejo médico a tiempo (especialmente si presentan síntomas de fiebre, tos o resfriado). Lo mismo se aplica a cualquier persona que regrese de un viaje.
o   En muchos de sus países habrá una línea telefónica nacional de ayuda sanitaria, por favor, póngase en contacto con ellos para obtener información sobre las pruebas y otras medidas adoptadas en su país.
§  Manténgase en paz y difunda la sabiduría: Necesitamos compartir información confiable y objetiva con amigos y familiares, y contrastar las voces de miedo y estigmatización con amor y compasión. Por favor, compruebe toda su información con fuentes seguras como la información publicada por la Organización Mundial de la Salud (https://www.who.int/health-topics/coronavirus). Necesitamos responder al miedo con la verdad y con amor.
§  Proteja a los vulnerables: Debemos seguir ofreciendo amor y asistencia a los que más lo necesitan, y apoyar políticas humanas para mantenerlos a salvo.
§  Manténgase conectado: Por favor, continúen comunicándose con sus estructuras de dirección Provincial y Regional y asegúrense de mantenerlas actualizadas en cuanto a cómo están ustedes y sus Obras/Misiones.
En este momento pensemos en los trabajadores médicos de primera línea, los que han perdido a sus seres queridos, los niños que no pueden asistir a la escuela, las personas que pueden perder su empleo o sus negocios, los refugiados e inmigrantes en situaciones vulnerables, los que viven en la calle o en condiciones de pobreza, y los que pueden quedar abandonados o solos en un tiempo como este. Sigamos animando a estas personas y encontrando maneras de apoyarlos, especialmente durante esta Cuaresma en la que recordamos la muerte y resurrección de nuestro Señor.
Hay muchas realidades preocupantes que encontramos y afrontamos diariamente y por las que pedimos sus oraciones y reflexiones. Nuestros corazones se extienden a nuestras hermanas y hermanos de otras congregaciones, especialmente en el norte de Italia, donde muchos de sus miembros ancianos han contraído el coronavirus y muchos han fallecido. En el momento de escribir esta carta tres de nuestras hermanas están hospitalizadas en nuestro centro de asistencia del Sagrado Corazón en el Bajo Manhattan (Nueva York) con el sistema respiratorio comprometido. A su vez, vemos la gracia sobre nuestra institución ya que todas nuestras hermanas en Codogno no están infectadas. Pero el desafío reside en que nuestras Hermanas requieren tratamiento médico por otras enfermedades y no pueden recibir la atención ordinaria.
Afirmamos que la Pascua, un tiempo de la celebración de la vida, de la resurrección, está cerca. ¡La Pascua está sobre nosotros! Hemos pasado por tantos desafíos como Instituto en los últimos casi 140 años, desde que nuestra valiente fundadora se embarcó en Nueva York por primera vez en 1880. A lo largo de los años nos hemos enfrentado a grandes guerras, conflictos internos, enfermedades y muchas otras pruebas, y sin embargo siempre las hemos superado. En las próximas semanas vamos a hacer una serie en Cabrini World (sitio web y medios de comunicación social) recordando a nuestras heroínas, para que no olvidemos en este momento todo lo que hemos vivido antes.
Hemos escuchado testimonios de diferentes partes del mundo de personas que muestran actos de bondad especialmente con los ancianos, en Italia hemos visto videos compartidos de personas que cantan entre sí desde sus balcones. La esperanza permanece viva en el espíritu humano!
También les invitamos a publicar mensajes de esperanza e inspiración, tanto del pasado como de lo que están presenciando o participando ahora. Hay muchas maneras y formas de que nuestra misión se extienda a través de ustedes en este momento. Por favor, márcanos en @cabriniworld con tus historias para que podamos animarnos y fortalecernos mutuamente.
Nuestros mandatos del Capítulo 2016 nos llaman a ser humanos como humanizadores. Este es un grito profético para un momento como este. Por favor, sigan rezando, están en mis oraciones, y sepan, sobre todo, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece. (Filipenses 4:13)”.
Unidos en la misión de ser los mensajeros del amor de Cristo,


Hna. Barbara Staley, MSC
Superiora General


[Carta original, en la carpeta "Material" o haciendo clic aquí]





jueves, 19 de marzo de 2020

El "celo devorador" (2da Parte)



Hna. María Barbagallo, Liberaos y alzad el vuelo
Codogno 2018






Capítulo 5:
El "celo devorador":
Todo a la Mayor Gloria del Corazón SS. de Jesús





El celo devorador, motivado por un amor apostólico sin interrupciones y sostenido por la oración y el sacrificio, caracterizó al Instituto de las Misioneras del Sagrado Corazón desde el comienzo. A tal propósito, en algunos casos, las primeras Misioneras hacían un voto de caridad y un voto de víctima, dos promesas muy ligadas a la espiritualidad del Sagrado Corazón, pero que más tarde Madre Cabrini prefirió reservar a personas especiales por deseo y por virtud.

“Por consiguiente, amad inmensamente a vuestro amado Esposo, sacrificaos todas por Él, consoladlo, reconfortadlo de las ingratitudes que recibe de tantas personas, y también, desgraciadamente, de personas consagradas; sed verdaderas víctimas de amor y de reparación, pero que el holocausto sea perfecto, total, generoso. Ofreceos a Jesús con aquella fe, con aquella obediencia con la cual el santo Patriarca Abraham inmolaba a su hijo Isaac. Adelante, adelante con valor, trabajad, trabajad mucho por vuestro Instituto, por las almas que se os han confiado, trabajad con celo, con valentía, con recta intención; esforzaos en todo, no os reservéis en nada y haced que las obras que se os han confiado, se desarrollen y crezcan cada vez más. Trabajad mucho, pero en silencio, en el ocultamiento y desead que vuestro trabajo lo note sólo Dios y de Dios esperad la recompensa y el mérito. “¡Omnia Possum in Eo qui me Confortat!” Repetidlo siempre y tened grandísima e ilimitada fe en el Corazón Santísimo de vuestro Esposo.”[1]

El “celo devorador” se articula a través de la dimensión misionera y, estrechamente vinculada a ella, la reparación. Una reparación, como se mencionó anteriormente, activa en la actividad misionera, preventiva y curativa. Pero esta gran dimensión que siempre involucró a las MSC, no se refiere sólo al “hacer”. Madre Cabrini lo explica en la famosa carta de 1907:

“Pero la actividad apostólica no es la única misión que tiene que ejercer la Misionera del Sagrado Corazón de Jesús. No es la más sublime, ni la más segura; puede darse que alguna vez el móvil sea la natural actividad en lugar del puro celo del amor de Dios, y que alguna otra vez vaya unido a la carcoma de la vanagloria. Separado entonces de la oración y el sacrificio, resulta absolutamente ineficaz…
Y entonces, poco haría la Misionera del Sagrado Corazón de Jesús que salvaría sólo las almas que tiene cerca. Pensad un poco, hijas queridas, sois Esposas del Señor, que tiene en sus manos a todo el mundo y a todo el mundo debe extenderse vuestra caridad… Porque aquel corazón que ha conservado en el cielo toda la ternura que aquí abajo demostró a los pecadores, aquel corazón que ha dado hasta la última gota de sangre por ellos, que se abrasa de amor por los hombres en el Santo Tabernáculo y en vano suspira por ser correspondido, os dice: Vosotras, Misioneras de mi Corazón, continuad la obra que yo he comenzado en la tierra, ayudadme a salvar las almas; mis manos están llenas de gracias, pero el mundo las desdeña; pedidlas vosotras en la oración y yo las haré llover abundantes, fecundas de conversiones y de salvación; las almas corren a la perdición, sacrificaos por ellas y apagad la justicia de mi Padre; y esas ovejas errantes serán reconducidas al rebaño. Mi corazón arde de amor por las almas y no recibe en cambio más que ofensas y ultrajes. Al menos vosotras, mis amadas Esposas, dadme a conocer, hacedme amar, reparad las amarguras que mi corazón sufre por causa de los pecadores. Queridas hijas, no seréis Misioneras del Corazón de Jesús si este gemido no penetra hasta las más íntimas fibras de vuestra alma y no la enciende en deseos fervientes de oración continua, de reparación y de inmolación.”[2]


[1] Cfr. Epistolario, Vol 3°, Lett. n. 1192
[2] Cfr. La Stella del Mattino, pág. 165-167




jueves, 12 de marzo de 2020

El "celo devorador" (1ra Parte)




Hna. María Barbagallo, Liberaos y alzad el vuelo
Codogno 2018






Capítulo 5:
El "celo devorador":
Todo a la Mayor Gloria del Corazón SS. de Jesús




“Esta es la vida eterna:
que te conozcan a ti, único Dios verdadero,
y a tu enviado Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra,
llevando a cabo la obra que me encomendaste”.
(Jn 17,3-4)



Como se ha reiterado tantas veces, en la enseñanza de Madre Cabrini no hay lugar para las cosas abstractas, para las palabras sin hechos, para las discusiones estériles y sin efectos. El fin de cada pensamiento y de cada sentimiento tenía que ser el celo por la salvación de las almas:

“El celo por la salvación de las almas debe llenar totalmente mi corazón como Salesiana Misionera del Sagrado Corazón de Jesús.”[1]

Tampoco hay lugar para una santidad etérea, hecha de aspiraciones engañosas o de sueños heroicos, cuando no se es capaz de aceptar la voluntad de Dios, siempre, en lo cotidiano, en la aceptación madura del trabajo diario.

“No importa hacer cosas grandes y excepcionales, sino que todo consiste en hacer bien lo que Jesús quiere de nosotras, en el modo en que lo quiere y en las circunstancias que Él quiere.”[2]

E incluso una atención obsesiva a la propia perfección, con la mejor voluntad de agradar a Dios, es algo que vale la pena, pero sólo si va acompañado de lo que ella llama

“celo devorador para la Mayor Gloria de Dios y para la salvación de las almas.”[3]

Este celo devorador acompañó siempre la obra cabriniana y el compromiso de sus Hijas. Las Religiosas, especialmente la primera generación y parte de la segunda, tenían tan claro este objetivo, que no había ocasión que no sirviera para este propósito. Siguiendo las enseñanzas de Madre Cabrini, las Misioneras maduraron en gran profundidad espiritual, con fuertes virtudes cristianas y heroica capacidad de ofrecerse a sí mismas para la salvación de las almas. Madre Cabrini conocía las necesidades de la Iglesia de su tiempo y quería ayudar con sus pocas fuerzas:

“Su santidad León XIII, mirando desde lo alto de su trono a la cristiandad, las llagas que la afligen, los males que deben eliminarse y el bien que se debe promover, no ha encontrado nada mejor que confiar el mundo al Corazón de Jesús con solemne consagración, a aquel Corazón Divino, llama del amor ardiente, víctima de expiación por nuestros pecados y cuya ofrenda no puede dejar de ser bienvenida en el cielo, mientras el mismo Padre eterno ha declarado hallar en Él sus complacencias.
Misioneras del Corazón de Jesús, responded al grito que ha salido del Vaticano y vibra a través de los espacios en los más remotos territorios, grito al que no hay corazón que no haya respondido. El mundo consagrado al Corazón de Jesús ¡quién sabe cuántas gracias lloverán sobre él! Secundad el impulso que el Vicario de Cristo os ha dado. Generosas, ardientes de caridad, disponeos a llevar, como lo habéis prometido en vuestra consagración, el conocimiento del Corazón de Jesús hasta los últimos confines de la tierra y a llamar afortunado a aquel día en que se os dará sufrir mucho por una causa santa. Buscad nuevas reclutas para vuestras filas, pero que sean almas generosas que se midan por la generosidad del Corazón de Jesús, el cual como buen capitán, las conducirá por caminos empinados y abruptos, frecuentemente les dará ocasión de combatir y, en la posesión de su Reino gozoso que es el reino de paz y alegría, les dará a gustar un sabor dulce como lo es el señor para aquellos que le han amado y servido.”[4]



[1] Cfr. Pensamientos y propósitos, pág. 69
[2] Cfr. Pensamientos y propósitos, pág. 190
[3] Cfr. Pensamientos y propósitos, pág. 160
[4] Cfr. Epistolario, Vol 3°, Lett. n. 987





jueves, 5 de marzo de 2020

"Ardientemente, velozmente" (4ta y última parte)


Hna. María Barbagallo, Liberaos y alzad el vuelo
Codogno 2018





Capítulo 4:
"Ardientemente, velozmente":
El ritmo del amor





Pero donde Madre Cabrini bate todos los records del verbo “correr”, es en las fundaciones. Sus cartas están llenas de “hacedlo pronto”, porque aquella ocasión puede esfumarse, porque el correo parte, porque si se pierde el tren o aquel autobús se debe esperar a otro día, porque los hijos de las tinieblas son más astutos que los de la luz, porque la obra debe comenzar y no están las Hermanas, porque se necesita pedir enseguida aquel permiso, encontrar aquel dinero, curar enseguida a aquella Hermana, salir de inmediato a una nueva misión:

“Pronto, pronto, hijas, no hay tiempo que perder, sois Misioneras, derramad el suave perfume de vuestro nardo en toda la casa y, con las oleadas de sus aromas celestiales, tratad de purificar la tierra infectada de pestilencias y mortales exhalaciones.”[1]

Sin embargo, el ritmo frenético se concilia bien con una gran paz interior que, al mismo tiempo que reconoce que necesita actuar deprisa, no debe ser un “desahogo de la naturaleza”, ni una inquietud excesiva causada por una ansiedad desmedida. La necesidad es buscar la gloria de Dios:

“... tengo prisa, tengo por ahí cientos de cosas que hacer para ir tras las bendiciones del Sagrado Corazón de Jesús.”[2]

También la actividad tiene que estar regulada por la recta intención y el discernimiento necesario para saber si el actuar corresponde a lo que Dios quiere. El “correr” se rige sobre todo por la voz de la obediencia:

“Fortalece, ¡oh Jesús! mi débil e inestable voluntad, para que enérgicamente quiera lo que Tú quieres, y sepa rechazar lo que a Ti no te gusta; custodia tú mismo mi tabernáculo que en otro tiempo te consagré.”[3]

El deseo urgente en el corazón es el que hace exclamar a Madre Cabrini:

“si pudiera alargar los brazos y abrazar el mundo para dártelo.”[4]

El ritmo del amor de Madre Cabrini siempre está regulado por la obediencia. En su trabajo, en las dificultades, en las desilusiones, se presentan ante ella las directrices fundamentales de su actuar: la voluntad de su Señor, la salvación de las almas, la voz de la obediencia. Correr o “volar” incluso cuando las cosas van mal, no pensar mucho en las decepciones, como dijo tras el exilio de Nicaragua:

“debemos permanecer aquí con las alas listas para volar cuando nos exilien, porque es muy probable.”[5]

Y este horizonte representa la visión de la Misionera del Sagrado Corazón:

“Por más difícil que sea una obra, yo la pongo en el Corazón Adorable de mi dulce Jesús y entonces con seguridad descanso tranquila, aún estando lejos, sabiendo bien que Él sabe hacer las cosas y completa cualquier obra que yo deseo para su gloria. Sobre el campo yo trabajo con toda mi alma, pero cuando la obediencia me lleva lejos de allí, para ir a trabajar a otra parte, cuya mies ya está madura, yo desconfiaré del primero; porque, amando tanto a mi amado Jesús, confiaré que les dará mucha ayuda y entusiasmo a nuestras queridas Hermanas para lograr llevarlo a cabo.”[6]

Correr por el camino de la voluntad del señor es posible al ritmo del amor que no desgasta, porque participa de una fuerza que es Dios, también porque la meta se hace cada vez más clara: confiar ciegamente en el Sagrado Corazón de Jesús…

“que guía el barco del Instituto cuando se sienta en la popa el Corazón de Jesús.”[7]

y hacer todo a la mayor gloria del Corazón Santísimo de Jesús.



[1] Cfr. Epistolario, Vol. 1°, Lett. n. 423
[2] Cfr. Epistolario, Vol. 5°, Lett. n. 1877
[3] Cfr. Entre una y otra ola, pág. 163
[4] Cfr. Pensamientos y propósitos, pág. 91
[5] Cfr. Epistolario, Vol. 2°, Lett. n. 712
[6] Cfr. Entre una y otra ola, pág. 412
[7] Cfr. Epistolario, Vol. 2°, Lett. n. 713

El capítulo completo lo encuentran en la carpeta "Material" o haciendo clic aquí.