jueves, 16 de mayo de 2019

Las raíces del Carisma de las MSC




Las raíces del Carisma de las MSC
Sr. María Regina Canale, MSC

“Donde está tu tesoro, allí también estará tu corazón.” Mt. 6,21


El tesoro de Francisca Cabrini
Mateo, el evangelista del “Dios con nosotros”, nos recuerda estas palabras de Jesús, que fueron colocadas, con amor filial, alrededor de la caja que custodia la reliquia del corazón de Madre Cabrini, conservada en la Iglesia del Tabor en Codogno (Lodi):
Desde este lugar privilegiado, ella nos proclama el secreto de su inextinguible ardor misionero: su Tesoro fue y es para siempre, el Corazón Adorable de Jesús, con el que se identificó. Así, el Corazón de Jesús es el lugar privilegiado donde Madre Cabrini se encuentra con su Amado y donde siente que realmente puede tomar conciencia de sí misma y conocer la infinita riqueza de Dios. “Fue atraída por el amor de Cristo” que ama a los hombres como nadie ha amado nunca (Const. 3).
El Amado entonces, la colma del don de incontenibles efusiones de amor, iluminadas por la sinfonía del Cantar de los Cantares:


“¡Amadísimo Jesús, qué amable eres! … Desde que te encontré me cautivaste con tu belleza hasta tal punto que yo, olvidada de todo, te seguí y estoy muy feliz de seguir tus huellas.
Sufrir ya no es sufrir, sino un dulce gozar cuando se está contigo… Mi amado es más bello que el sol y supera toda belleza. Es la Majestad de Dios…
Ay, yo amo a mi Amado, lo amo tanto, que languidezco de amor. Ensancha mi corazón, Amado de mi alma, hazlo un poco mayor, porque ya no puede contener todo tu Amor.
¡Ay! ¡Océano de infinito amor, te amo y querría amarte, pero cuanto más te amo, menos te amo porque me gustaría amarte más!
¡Ensancha… ensancha mi corazón!” (Pensamientos, Ed. Italiana, 1892, pág. 114-115).

Este amor de naturaleza esponsal sintoniza cada vez más con las expresiones del Cántico hasta culminar en una increíble actividad misionera: “¡El deseo de la misión me abruma!”
El secreto de la laboriosidad de Madre Cabrini está en su dimensión contemplativa: el núcleo secreto del que brota una actividad, que todavía hoy sorprende, es el silencio de la oración y el abandono en el Sagrado Corazón de Jesús.
La experiencia de contemplación de Madre Cabrini es la desbordante vitalidad del amor, es el celo por la gloria de Dios, que se inclina sobre el hermano que sufre. La expresión característica es: “El amor en efervescencia” (C.V. pág. 398), la imagen en la que la Madre Cabrini trata de resumir el significado de su actividad apostólica: amor que aumenta, crece y se expande en una miríada de iniciativas que llevan el sello del amor único y se manifiestan al corazón de los hombres.


El tesoro de las MSC
“Y Jesús les dijo: Por eso, todo escriba que se ha convertido en un discípulo del Reino de los Cielos, es semejante al dueño de la casa que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas viejas.” (Mt. 13,51-52)
A los 100 años de la muerte de la Madre Cabrini, tenemos un profundo sentimiento de gratitud en nuestro corazón por haber “heredado” esta bendición como “inextinguible ansia misionera”.
“¡Seamos portadoras del amor de Cristo al mundo!” (Const. 3). Sí, hemos sido llamadas a heredar una Bendición” (1Pe 3).
Esta es la realidad, siempre antigua y siempre nueva, que queremos extraer de este “tesoro” que la Madre Cabrini nos dejó, empeñándonos en preparar, para las nuevas generaciones, un futuro lleno de esperanza, a la Mayor Gloria del Sagrado Corazón de Jesús.
El objetivo es “comprender” que las cosas viejas son importantes porque son los “fundamentos” sobre los que se constituyen y se construirán las nuevas.
Al volver la mirada sobre estos 100 años desde la muerte de la Madre Cabrini, se iluminan “nuevos caminos” que el Instituto de las MSC desea recorrer en fidelidad al propio Carisma un amplio campo se abre ante nosotras como en los tiempos de Madre Cabrini, delimitado sólo por el celo y la sed de estar donde los intereses del Corazón de Jesús lo requieran. Los medios a través de los cuales irradiar el amor en efervescencia son todos los que la caridad y el celo pueden sugerir a la creatividad apostólica y profética, que quiere vivir a ejemplo de Jesús, que dijo de sí mismo: “He venido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn 6,38).
Se trata de seguir a una Madre muy audaz: “Recorro la tierra y surco los mares, como se ve, con la velocidad permitida por el progreso y la ciencia, que provee cada día vapores más rápidos; pero creedlo, son vuelos de cuerpos pesados… en comparación con la rapidez con la que trabaja el Sagrado Corazón de Jesús en su viña a nosotras confiada” (S. F. Cabrini, Viajes, Ed. Italiana, pág. 201).
Este “tesoro” se encuentra ahora en las nuevas culturas que emergen en la escena internacional, tal vez impregnadas de conflictos y problemas, pero donde el carisma de Madre Cabrini puede encontrar vida, suelo fértil, corrientes de agua viva que riegan la Iglesia y al mismo Instituto de las Misioneras del Sagrado Corazón, con nuevas energías.
Nuevas fuerzas misioneras para la Iglesia surgen en África, en Asia, y esperamos que también en América Latina, difundiendo luz y esperanza en aquellos contextos culturales donde más amenazada está la vida y donde tenemos que cavar profundamente para encontrar las semillas de la Palabra que esperan sólo que alguien las haga madurar y florecer.
Las nuevas misiones africanas cabrinianas abren el corazón a la esperanza no sólo vocacional, sino sobre todo al progreso de la evangelización que quiere favorecer el nuevo tiempo soñado por Jesús, para que haya paz entre los pueblos y fraternidad solidaria en todas las sociedades. Pero también es el sueño de las nuevas generaciones que buscan emigrar a una nueva tierra para poder crecer sin miedo. El mensaje de Madre Cabrini es este: podemos ser “una sola familia en el Corazón de Jesús”.




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