jueves, 13 de diciembre de 2018

"Pensamientos y Propósitos" de Santa Francisca Javier Cabrini - 121



Uno de los días más hermosos que ha habido
El hermoso día de la Inmaculada de 1903

MI RETIRO ESPIRITUAL EN SEATTLE, WASH (Undécima parte)

No hay cosa que nos pueda aportar mayor tranquilidad que la frecuente consideración de las aflicciones, necesidades, desprecios, injusticias y humillaciones sufridas por el Amable Niño Jesús desde los primeros tiempos de su aparición en la tierra.
Al considerar todas las amarguras sufridas por Jesús, ¿no nos avergonzaremos de llamar adversidades, penas y sufrimientos a los menudos accidentes que Dios permite? Un poco de modestia basta para soportar tranquilamente las afrentas que creemos nos hacen.
El amadísimo Jesús pudo, sin duda, nacer circundado de gloria, de poder y de majestad; pero, por el contrario, prefirió nacer despojado de todo, en lugar incómodo, en la estación más cruda, a medianoche, tembloroso y privado de toda especie de socorro, para enseñarnos con su ejemplo el camino que conduce al cielo, es decir, el de la humillación, la pobreza y los sufrimientos.
Para merecernos los celestes consuelos del Corazón santísimo de Jesús es necesario escuchar y seguir las sublimes, sabias lecciones que nos da desde su nacimiento.
Yo te saludo, ¡oh María llena de gracia celestial, llena de Dios, llena de gloria! Vos sois la salud de los hombres, el espejo de todas las virtudes más bellas, la corona de las vírgenes. En vuestro seno celestial se produjo la dulce unión de la naturaleza divina con la humana, la alianza que da a los miserables el remedio de la salud.
Con vuestro poder, ¡oh María, Madre amantísima!, tenedme el ser liberada de todos mis defectos, iluminadme con vuestra purísima luz, inflamadme con vuestro ardiente amor y obtenedme del querido Jesús la paz que prometieron los ángeles a los hombres de buena voluntad.



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