jueves, 8 de agosto de 2019

"Levantar un templo en el propio corazón" (4ta Parte)







Hna. María Barbagallo, Levantaos y alzad el vuelo

Codogno 2018



Capítulo 1:
“Levantar un templo en el propio corazón”
El camino de la interioridad




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También para Madre Cabrini la presencia de Dios en nosotros "es el sublime conocimiento de Jesucristo, nuestro Señor" (cfr. Flp 3,8a).
Por lo tanto, la experiencia de Dios acontece en la interioridad y garantiza la fecundidad apostólica porque Dios mismo establece su morada en nosotros, como el mismo Jesús ha prometido: "quien permanece en mí y yo en él, da mucho fruto" (Jn 15,5) y como se lee en el Apocalipsis: "Estoy a la puerta y llamo. Si alguien escucha mi voz y me abre la puerta, yo vendré a él, cenará con él y él conmigo" (Ap 4,20).
La relación misteriosa pero real que se establece entre Dios y la persona interior, es fuente de profunda alegría que supera cualquier otra alegría, pero es algo tan personal que sólo Dios puede penetrar en ella. Y además es el fruto de aquel amor "vertido en el corazón por el Espíritu Santo" (Rm 5,5) que produce frutos de amor, de piedad, de obras apostólicas. Sin embargo, permanece aquella profunda nostalgia de Dios cuando no se logra mantener vivo este "santuario interior" que se convirtió en un hábito:

"Sí, mi querido Jesús, quiero encerrarme totalmente en tu Corazón como en un castillo; haré todas mis cosas exteriores porque es mi deber, pero no me dejaré absorber nunca por ninguna de ellas dejando perder ese dulce pensamiento fijo que continuamente quiero tener en ti, en tu santa unión que forma mi paraíso en el destierro que me dejáis"[1].

El "encierro" al que alude Santa F. Cabrini, es también llamado "dulcísimo foramen"[2], en el cual el alma permanece escondida escuchando las enseñanzas con las cuales el Maestro interior educa directamente. Y aquí emerge el aspecto de la luz, común en toda la teología mística.
El estar recogidas en este "encierro" permite no "desviarse" del camino emprendido y establecer la justa separación entre lo que es transitorio y lo que es eterno.
Escribe a una religiosa:

"Te mando el modelo para no desviarte del camino de la perfección. Pon la memoria de esta imagen en el santuario de tu corazón, ama la vida interior que florece en el hablar poco, rezar mucho, sufrir bastante. Todo es breve, pero lo que viene después, dura eternamente. El Santísimo nombre de Jesús con la fuerza de su potencia te dé abundantemente todo cuanto anteriormente te he dicho y te lo haga gustar derramando en tu alma como un aceite suave, todas las virtudes propias de la verdadera Religiosa, de la perfecta esposa de Jesucristo. En la mística de la Cruz está también María que quiere ayudarte y protegerte, confíate a ella y todo será realmente suave como el aceite"[3].

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[1] Cfr. Pensamientos y Propósitos, pág. 88
[2] Cfr. Pensamientos y Propósitos, pág. 73
[3] Cfr. Epistolario, Vol. 2°, Lett. n. 619


El capítulo completo lo encuentran en la carpeta "Material" o haciendo clic aquí.




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