lunes, 20 de marzo de 2017

"Pensamientos y Propósitos" de Santa Francisca Javier Cabrini - 36


MI RETIRO ESPIRITUAL
EN LOS SANTOS EJERCICIOS

Año del Señor 1889
19 octubre
Bajo la protección de María Santísima, de todos los ángeles y santos, escondida en el Corazón Santísimo de Jesús, comienzo mi retiro, del que tengo extrema necesidad y del que deseo ardientemente salir fervorosa en el divino servicio, a fin de ponerme a caminar en la vía de esa perfección que mi Jesús quiere de mí.
Jesús mío, perdonad todas mis resistencias en seguir vuestras santas inspiraciones y no me las retiréis, por favor, como yo lo merecería. Habladme, habladme, Señor, que vuestra sierva os escucha. No permitáis que de un solo paso, ni diga una sola palabra, ni haga un movimiento, ni me detenga en ningún pensamiento, si no es siguiendo el impulso de vuestras inspiraciones celestiales. Haced que mi alma sea un huerto cerrado, una fuente sellada en la que podáis encontrar vuestras delicias, oh Jesús mío.
Omnia and maiorem gloriam SS. Cordis Jesu.
Debo y quiero someterme en todo y en todas partes a la santísima voluntad de Dios, reconociéndola en todos los acontecimientos prósperos o adversos, de cualquier parte o persona que me vengan.
Vigilaré, pues, para no dejarme sorprender de improviso por ciertas adversidades que tanto hacen sufrir a mi mal mortificada naturaleza, y con la continua presencia de Dios y profundo afecto a su santísima voluntad saldré al paso de tales ocasiones, a fin de mantener el mismo humor lo más alegre y suave posible.
En cualquier dificultad que pueda encontrar quiero confiar totalmente en la bondad del Corazón Santísimo de Jesús, que nunca me abandonará y que lo hará todo en mi lugar, como lo ha hecho hasta ahora.
Hallándome indigna de que el buen Jesús lo haga todo por mí, me dirigiré a menudo a María Santísima de las Gracias, mi dulce Madre, para que me haga con su ayuda menos indigna de los dones celestiales.
Misericordias Domini in aeternum cantabo. Oh mi amable Jesús, qué grande es tu misericordia. Tú no miras mis continuas infidelidades y me das pruebas tan grandes de tu purísimo Amor, y me sostienes en todo y en todas partes obrando Tú por mí. No tengo nada para demostrarte mi gratitud porque nada soy y nada poseo por mí misma, ninguna virtud tengo y por ello te ofrezco a Ti, a Ti mismo, oh amantísimo Jesús, te ofrezco tus propios dones infinitos y el vivo deseo que me consume de amarte dignamente y verte amado de todos. Jesús, Jesús, te amo, Jesús.
No sólo debo evitar el pecado venial, sino que me vigilaré atentamente a mí misma con gran diligencia para hacer bien todas las cosas, a fin de que no se vea obligado el buen Jesús a desviar de mí su mirada.
La negligencia habitual forma una conciencia demasiado laxa y disminuye la influencia de la gracia en nosotros.
La diligencia, por el contrario, y la diligencia presurosa atraen muchos grados de gracia sobre el alma e inspiraciones celestiales para corresponder a ellos.


Citas bíblicas relacionadas: 1Sam 3,10; Ct 4,12; Sal 89,2; 2Co 6,10

















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