viernes, 17 de noviembre de 2017

Camino de Formación Cabriniana del Centenario - Anexo 2


El sueño de la misión en China

Sueño de Dios

Como querer explicar el amor,
como querer abrazar el perdón,
como sentirse embriagar sin alcohol
y navegar en un rayo de sol.

Con alma de niño llegar hasta el fin
jugarse la vida en el Reino de Dios
con ojos atentos al clamor y al dolor
de los que Cristo hoy puso junto a mí.

Como contar una historia de amor
en la que Cristo reinó con pasión,
nada más simple que decir:
“ya no soy yo, es Cristo quien vive en mi”

Francisca Cabrini, un sueño de Dios
Francisca Cabrini, mujer del Señor
Francisca Cabrini, hoy canto por vos
Francisca Cabrini, milagro de amor

El mundo es pequeño para anunciar
a aquél que nada guardó para sí,
sin darle la tregua a la adversidad
confiando que todo lo puedes en él.

Sentirse un puente que lleve a Dios,
a aquellos que hoy caminan por aquí,
dejándose amar por el que es el amor,
poniéndose en marcha a la meta final.

Como contar una historia de amor
en la que Cristo reinó con pasión,
nada más simple que decir:
“ya no soy yo, es Cristo quien vive en mi”

Francisca Cabrini, un sueño de Dios
Francisca Cabrini, mujer del Señor
Francisca Cabrini, hoy canto por vos

Francisca Cabrini, milagro de amor




Después de la muerte de Madre Cabrini, su sucesora Madre Antonieta Della Casa, quiso hacer realidad el sueño de Chequina (Cecchina = Madre Cabrini) abriendo una misión en China.



Hna. Antonieta Della Casa


Seis fueron las Hermanas favorecidas para la misión.
Partieron desde el Pacífico para fundar, el domingo 19 de septiembre de 1926. Llegaron a Shanghai el 6 de octubre y a Kashing (a 18 Km de Shanghai) lugar destinado para la nueva misión, donde abrirían una escuela Normal.





Había que aprender a escribir y hablar en chino, aprendizaje que les llevaría muchos meses, mientras tanto prepararon el edificio para la escuela y residencia de futuras estudiantes.

En China reinaba un clima de turbulencia ya que los soviéticos, invadiendo algunas zonas, habían expulsado a varios católicos y protestantes.

Llegadas las vacaciones de un mes, las Hermanas propusieron enseñar inglés, pintura y música. Muchas fueron las jóvenes que aprovecharon ese ofrecimiento; inclusive una jovencita diplomada en docencia pidió ser aceptada como postulante.


En abril de 1927 fueron amenazadas y obligadas a estar en un hospital, sirviendo en cualquier menester; situación que favoreció su celo por misionar y aliviar a muchos enfermos. Luego de siete meses fueron liberadas y entonces se dedicaron a amueblar y acondicionar el edificio para iniciar la actividad escolar con alumnas externas e internas. Asumieron profesores chinos y agregaron al programa: arte, pintura, dibujo, música, canto, poesía, labores femeninas, bordados, materias que, Madre Cabrini, hacía que las candidatas aprendieran desde el noviciado, según las capacidades de cada una, además de otras materias pedagógicas o relacionadas con la salud y así estar preparadas para las tareas misioneras.

Como les estaba prohibido enseñar religión, organizaron grupos de formación periodística, tanto para jóvenes católicas como para jóvenes paganas.

En 1930 dada la intensidad del trabajo que demandaba la misión, desde USA la Madre General les envió 7 Religiosas con buena preparación.





En julio de 1931 abrieron un dispensario médico y un ambulatorio con medicación y farmacia para atender a las sin número de personas muy pobres y con muy malos cuidados de salud. Se creó en la localidad de Wei – Hwei – Fu. Aquí aparece la Madre Blanca Belloni quien era maestra ya al ingresar al Instituto y, luego de profesora, estudió farmacia; la Madre General le hizo estudiar de enfermera al designarla para la misión de China y, estando en la misión, viendo la necesidad de tratar enfermedades de la vista y no habiendo quien lo haga en toda la zona, hizo el curso de oculista; esta preparación le permitió realizar ciertas curaciones de todo tipo y hasta pequeñas intervenciones de cirugía, lo que le valió que la gente del lugar la llamara “La hermana doctora”. Así escribía en una carta dirigida a la Madre General:

“… la mayoría (de los que vienen al dispensario) son pobrísimos, ricos sólo de suciedad por falta de limpieza. Hay personas que están tan sucias que para descubrir sus llagas, hay que aplicarles previamente, paños con agua tibia una media hora o recomendarles que se laven y presenten al día siguiente para medicarlos. ¡Pobres chinos! Cómo podrían ser más limpios que sus negros chanchos cuando el alimento, la habitación y la higiene son comunes e iguales… Todos duermen en el mismo cuarto: burros, cabras, perros, gatos, gallinas, conejos y miles de insectos; todos viven en perfecta sociedad; hay lugar para todos y para enfermedades comunes…
Ahora apareció una epidemia de malaria en todos, grandes y chicos, hace unos días es imposible proveer de quinina, no sólo porque es muy cara, sino porque los vendedores ya no tienen provisiones. La gripe (influenza) ha atacado a muchos, en general por el clima que de 10º por la noche, durante el día llega a 30 y hasta 35º…
¿Cómo proveer de medicinas necesarias? ¿De telas limpias para vendar tantas llagas y muy profundas? ¿Cómo aliviar tantos sufrimientos?... Son 200 y hasta 300 enfermos por día que hoy hay que atender. No faltan cirugías de emergencia; una mujer fue llevada en un carrito con un absceso muy profundo desde hacía dos semanas y con un viejo bisturí que traje de Nueva York, pude extirparlo y aliviarla… De julio a diciembre se atendió a 5.000 personas y se dieron 250 bautismos…”

En 1935 se puso ampliar la misión de Chang – Teh – Fu donde, a pesar de muchas dificultades, funcionaba una Escuela Particular elemental y superior, un gimnasio, misión y catequesis (fuera de la escuela).

En 1937 la guerra entre China y Japón era inminente y las tropas estaban ya cercanas.

Con todo las Hermanas rinden cuentas de sus logros misioneros ante el Obispado y ante nuestro Instituto, entre otros aparece que en 5 años se ha dado:119.429 atenciones médicas con medicinas, mini cirugías y atención ambulatorias y de enero a julio: 1804 bautismos a niños y mucho más de adultos.



También ya varias jóvenes pidieron ser admitidas como postulantes entre las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús.

A causa de la guerra fueron expulsadas, debieron abandonar la misión y refugiarse en Wei – Hwei – Fu, porque además el 8 de noviembre de 1937, una gran bomba había caído cerca de la casa de las Hermanas, pero además por la tarde otra bomba destruyó parte de nuestra Escuela; sí con niñas heridas pero no muertas.

Pasados 5 meses y conquistada la ciudad por las tropas japonesas, los habitantes hicieron una protesta popular para que regresaran las Hermanas, situación que les fue concedida.

Las tropas comunistas se habían retirado llevándose todo lo que en la casa había de comestible y medicamentos.

La guerra había llegado también a la misión de Kasching y las Hermanas debieron huir, refugiándose en la Misión Católica de Zopufan. Terminadas las batallas, regresaron y encontraron destruida su escuela, sólo una parte se pudo reconstruir como para reiniciar las clases y reabrir el dispensario. A la escuela la llamaron “Escuela que hace honor a la verdad”. Madre Blanca con el dispensario era especialista en: mientras curaba el cuerpo curar también el alma y pacientemente esperaba la hora en la que Dios llegaba y hacía su obra. Así escribía la Hermana Blanca:

“La hora de la tribulación que pasa China, lejos de disminuir el trabajo del apostolado, lo intensifica siempre más y lo hace fecundo con óptimos frutos… Son muchísimos los que piden ser cristianos, después de haber pasado por nuestra misión o por el dispensario. Les gusta rezar y soportan con paciencia sus grandes penurias para poder merecer la Gracia del obtener el premio eterno del Cielo”.

La celebración de la Beatificación de Madre Cabrini sólo pudieron celebrarla el 10 de septiembre de 1938 en Wei – Hwei – Fu. En esta ocasión como se habían propuesto como homenaje a Madre Cabrini, el 13 de noviembre recibieron el Bautismo: 92 catecúmenos. (Se habían prometido 100 Bautismos como homenaje a Madre Cabrini). En esa época lo urgente para la Iglesia era bautizar a los paganos.

Por la escasez de medicamentos, las Hermanas de USA se los mandaban por encomienda, junto a otros elementos: ropa, alimentos, etc.

Así escribía Madre Charitas Moscato, Superiora, el 10 de enero de 1941: “La guerra continuaba siempre más violenta. Esperanzas, miedos, desánimos se alternaban en nosotras. El 15 de julio de1941, Italia se alió con Japón contra China, reconoció el Gobierno colaboracionista de Nankino, constituido bajo el escudo de los japoneses: desde ese momento los Misioneros fueron considerados enemigos de la China y las reacciones no se hicieron esperar”.

Nuestras misiones continuaban sus tareas a pesar de la inseguridad reinante, y seguían dando informe de las misiones a la Madre General: “En Wu – an, 120 huérfanas; 80 externas en continuo aumento, 4 religiosas, ayudadas por 11 jóvenes de la Santa Infancia, de las que ahora 6 son novicias y 5 postulantes.
En Chang – teh – fu: escuela preprimaria, primaria y superior con 285 alumnas, de las cuales 76 son pupilas y escuela media con 46; Catecumenado femenino con escuela para adultos; sociedad “Hijas de María”, Sociedad del Rosario, para las más pequeñas; Club Cabrini para las exalumnas y alumnas presentes, cuyas funciones eran de cooperar con la propagación del Evangelio y acercar al buen Dios a sus familias que en la mayoría eran paganos; Dispensario diario; iniciación de un taller donde las jóvenes con sus labores puedan ganar algo y un pequeño patio separado que llamamos leprosario, en el que tenemos a una anciana refugiada que es medio loca.
Oh, querida Madre, todo esto con 7 Hermanas; una de ellas Madre Blanca que atiende el dispensario, es la guarda – ropera, ecónoma, Asistente y ahora también Superiora…
En Chang – teh – fu se trató de reorganizar, entre miles de complicaciones, el hospital de oculista y atención otorrinolaringológica, pero meses después debieron suspender las actividades porque al Sacerdote que asumía responsabilidades lo llevaron prisionero.
Por esta época se dio en toda la zona alrededor del Río Amarillo, en Honan, una gran sequía agravada por mangas de langostas y conejos roedores que exterminaron toda cosecha, sus pobladores emigraron por todas partes limítrofes y sufrimos las consecuencias…”
Del 13 de septiembre al 25 de octubre 3 de nuestras Hermanas quedaron prisioneras en su propia residencia, con la prohibición de salir, pero la liberación se dio porque se convencieron de que la actividad que ejercían era exclusivamente de caridad.”

Durante toda guerra fácilmente se genera odio, rabia, violencia, venganza, mala información y además falta de todo.

Se dan largas filas para obtener artículos de primera necesidad y las mismas personas que están puestas para garantizar el orden, con frecuencia se enriquecen con la indigencia de los demás.

En Kashing las Hermanas, con serias dificultades, pero habían retomado la actividad escolar, mas continuamente las visitaban los de la Gendarmería japonesa, hasta que al final obligaron a varias Hermanas a salir de la China porque pertenecían a países que se habían declarado contrarios a su país. Las primeras a repatriar fueron las de América. La Madre Magdalena Paladini (argentina) el 18 de marzo de 1943 fue llamada por los japoneses y avisada de que el día 27 debía partir. Le permitieron que fuera acompañada por otra Hermana Hasta Shanghai y allí estuvo prisionera en San Muyo hasta su partida.

En ese mismo año, nuestra casa la tomaron como lugar de prisión, clavando las puertas para evitar que salgan. Después de unos meses las Hermanas fueron liberadas.

En 1944 y con graves dificultades reabrieron la escuela de Kashing, pero dado el clima de inseguridad con frecuencia dejaban de asistir tanto las alumnas como las profesoras. El Obispo trataba de sostener económicamente la misión, pero justo el 14 de noviembre, día de la fundación del Instituto, fueron asaltadas, robándoles 5.000 dólares. Los militares se apropiaron de todo: de un terreno que las Hermanas compraron para reconstruir la escuela en Shin – ti – fan, del huerto y de un corral de los animales que Madre Gesuina cuidaba para asegurar algo para comer, junto a una precaria despensa. Ella reclamaba al Comandante, quien sólo mediaba prometiéndoles paquetes de arroz.

El bombardeo de Hiroshima y de Nagasaki en agosto de agosto de 1948, hicieron que de pronto terminara la guerra Chino – japonesa, dejando que nacionalistas y comunistas se disputaran posición ventajosa.



En ese mismo año la guerra civil entraba en todo su furor y duró casi tres años, con la derrota nacionalista. Durante esos tres años nuestras misiones continuaron entre amenazas, esperanza, progresos y retrocesos. La Iglesia jerárquica reordenó sus diócesis estableciendo nuevos obispados y hasta una internunciatura.

Ahora los comunistas proclamaban la liberación de China de sus enemigos: bandidos, latifundistas de las mentalidades feudales, del imperialismo extranjero, de las supersticiones.

La guerra civil había comenzado a hacer estragos.

En Chang – teh – fu y en Wei – hwei – fu estaban en estado de sitio. Madre Charitas Moscato, Superiora y delegada de la Madre General viajaba entre Kashis y L´Honan, iba a Kasching, Shanghai para preparar la partida de algunas Hermanas, de Italia o América, llamadas por sus respectivos consulados. El año 1947 concluyó bastante bien. Pudieron iniciar las clases y concluirlas normalmente.

La canonización de Madre Cabrini fue ocasión para celebrarla con alegría y optimismo, hasta de acuerdo y por deseo del Obispo, asumir una escuela funcionando en Wimpo, a pocos minutos del mar. Misión que no durará demasiado tiempo.

El año 1948 terminó con todas las celebraciones propias del año escolar: diplomas, festejos, discursos, fotos; pero en diciembre un periódico daba una noticia alarmante: “se dice que los comunistas están cerca.”

La Superiora General, Madre Antonieta Della Casa… sí veía de buen grado el gran deseo de las Hermanas de ser útiles en esa situación de guerra, e incerteza en China, creía que continuar con la misión, por el momento era imposible. Envió varias cartas a Madre Charitas exhortándola a que haga lo imposible para que todas las Hermanas salgan de la China, aún las mismas chinas si así lo prefieren.

Así le escribía en 1948, 20 de febrero Madre Antonieta Della Casa: … “pero tengo una gran pena en el corazón al saber que están separadas dos o tres en cada misión y con gran peligro, menos allí en Kasching donde Ud. está tranquila mientras deja a las otras hermanas expuestas al peligro más grave, al hambre, a la muerte. ¿Por qué no se preocupa de reunirlas a todas allí con Ud.?”

En Europa las noticias de las avanzadas de los comunistas y por las tantas historias dramáticas que provenían clandestinamente de la Unión Soviética, manifestaban claramente que era imposible que con el comunismo pudiera compartir o por lo menos con cierta tranquilidad, vivir el catolicismo.

Y en otros párrafos de la misma carta se lee: “he pedido a los prelados… a los Padres de las misiones en el extranjero, información fehaciente y me dijeron que en estos momentos no se puede hacer nada, absolutamente nada, que los comunistas avanzan masacrando todo: que son heroísmos inútiles. De esperar tiempos mejores… Ud. Madre Charitas no ponga excusas. Salve a sus hermanas. A todas.”

“5 de febrero de 1949. Madre Charitas empezó a dar los primeros pasos para obtener el Visto Bueno de los Consulados… Madre Valentina y Madre Emmanuelle llegaron a Shanghai después de un desastroso viaje hecho sobre la carbonera de un tren y además lloviendo. Estas Hermanas partieron para USA el domingo 13 en el barco “Island mail Washington.” Carta de Madre Charitas.

Así con más o menos penurias, una a una, fueron partiendo con la pena de dejar desamparada cada misión.

Era el año 1951. Las últimas fueron dos Hermanas chinas a quienes por ser tales, les ponían miles de dificultades para entregarles sus respectivos pasaportes.

Así después de 25 años de zozobras, luchas, desafíos pero también la alegría por haber proporcionado a esos hermanos nuestros, los chinos, mucho bien material y espiritual, las hermanas, puesta la misión en manos del Buen Dios partieron sí con penas, pero seguras de haber cumplido con el querer de Dios.


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