lunes, 20 de septiembre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 3: "Villa Mercedes, San Luis" (Segunda parte)

 

Villa Mercedes, San Luis

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Fueron cuatro años los que ella permaneció en Villa Mercedes y su relación con las familias no se limitó exclusivamente a la atención espiritual. Les fue enseñando a las chicas a estar atentas a las necesidades básicas de las personas, a que no les falte nada, que nadie quedara sin calzado, sin ropa digna, sin útiles para los chicos. Conseguían medicamentos y, en el caso que fuera necesario, también alimentos.

El anhelo inicial que la inquietaba mientras limpiaba los pisos en el Colegio de Caballito se concretaba en abundancia y acendraba más aún la vocación.

La misma gente del barrio empezó a hacerse cargo de algunas tareas propias de la misión. Un señor que vivía con su mamá y la llevaba a participar de la Eucaristía con una dedicación y alegría notable, se encargaba de abrir el garaje antes de la Misa; lo mantenía limpio y preparaba todo lo indispensable para la celebración. Con otro señor del barrio se propusieron y consiguieron un terreno. Allí, los padres franciscanos y todos los vecinos empezaron a levantar la capilla. Con sus propias manos y dedicando el tiempo libre, la terminaron. Era como haber concretado el sueño de la casa común.

Pero una nueva inquietud daba vueltas en el corazón de esta religiosa que descubría cada vez, una faceta nueva de las casi inabarcables que tiene la vocación.

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jueves, 16 de septiembre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 3: "Villa Mercedes, San Luis" (Primera parte)

 

Colegio Sagrado Corazón, Villa Mercedes

El próximo destino de Matilde fue el Colegio Sagrado Corazón de Villa Mercedes, San Luis. Villa Mercedes era en ese tiempo poco más que un pueblo, ubicado a 730 Km de Buenos Aires y a 90 km del límite con la provincia de Córdoba. De la capital de la provincia, la ciudad de San Luis, la separan 97 Km. El Colegio había sido fundado en 1901 bajo la mirada atenta de la Santa Madre (ver Epistolario, página 573-585)

La situación geográfica hacía indispensable que además de la enseñanza a nivel primario, talleres prácticos de costura y cocina, se habilitara también un internado que albergase a niñas de las localidades circundantes que no tenían posibilidad de recibir educación con orientación religiosa en sus lugares de origen. Con el tiempo, se abrió también el nivel secundario (1962). La comunidad inicial estaba formada por siete hermanas y la demanda de incorporación al colegio era tanta, que fue el primero en incorporar docentes laicos.

Matilde llega y le encomiendan el pupilaje. Tiene, además, a cargo un grado y da matemáticas en el secundario. Es este su primer trato directo con adolescentes y con todo el potencial y la energía que en este período de la vida las jóvenes transmiten.

Matilde sintió que era una cantera con la que se podía contar para salir a misionar, para estar y ponerlas en relación con el pueblo y sobre todo, con los más necesitados. La acción tendría un doble propósito: formar el espíritu de las muchachas en el contacto con las necesidades de las personas y llevar ayuda efectiva a quienes la necesitaran.

La primera incursión misionera la hacen en una zona conocida como Barrio Criollo, a unas quince cuadras del Colegio. En el barrio funcionaba una escuela pública. Matilde hizo gestiones y consiguió permiso para que, una vez terminada la jornada escolar a partir de las cinco de la tarde, fuera posible usar las aulas para dar catequesis. Allá fue con algunas alumnas y pupilas. Muchos adultos querían recibir los sacramentos y los chicos que concurrían a la escuela se quedaban después de clase para asistir a la formación religiosa.

Con el tiempo, y ya encaminado el trabajo pastoral, se sumaron los padres Franciscanos. Empezaron a celebrar la Eucaristía en un garaje pequeño y con piso de tierra que les facilitaba una familia con ocho hijos.

El trabajo pastoral empezó a dar sus frutos. Muchos recibieron el sacramento del bautismo e hicieron la primera comunión. El grupo encabezado por Matilde estableció un vínculo muy estrecho con la gente del lugar.

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lunes, 13 de septiembre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 2: "Período de formación" (Cuarta parte)

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Y sigue repasando en voz alta este crecimiento que, sin dudas, la determina.

"Esto me abrió el panorama. También fue muy fuerte estar con las pupilas; estar con ellas me develó otra realidad pero, lo definitivo en mi vida y en mi vocación fue la ida a Nicaragua. Ahí, verdaderamente, uno estuvo con el pueblo. Pero, como ya dije, el despertar al verdadero sentido de la misión me lo dio Madre Teresa en Capilla del Monte. ¡Qué libertad tenía! Y esa otra hermana, Madre Michelina, que la hicieron salir de Argentina por la acusación que le hizo la supervisora que vino a comprobar si era cierto que las hermanas estaban tan en contacto con los pobres y con la gente. A Michelina la trasladaron a Brasil y ella se va por el sur y arma otra misión. A Teresa la dejan en Capilla del Monte. En esa Comunidad estaban todas las hermanas mayores y enfermas. Ella siguió con lo suyo, trabajaba en la parroquia y por los pueblos de los alrededores. El sacerdote llegaba a caballo y a ella, a veces la alcanzaban en auto teniendo que dar vueltas muy grandes por la falta de caminos entre las sierras".

Parroquia San Antonio de Padua - Capilla del Monte

Estas hermanas le estaban poniendo vida anticipada a lo que después se plasmara en las Constituciones, al final del Capítulo 16.

"Animada por el espíritu de Madre Cabrini, la Misionera se esforzará (...) en guiar a todos a la plenitud de la fe" (Constituciones 1982, Punto 16).

"Siento, siempre siento que esta necesidad de acercarme y no dejar pasar desapercibido al pobre y al necesitado, la tuve y se mantiene viva gracias a la Hermana Teresa, a partir de ese tiempo vivido en Capilla del Monte. Cuando supe que ella había fallecido empecé a pedirle y le sigo pidiendo que me conceda la gracia de ser sensible y de amar verdaderamente a los pobres, así como ella los amaba. Creo que me lo ha concedido y me lo sigue concediendo".



jueves, 9 de septiembre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 2: "Período de formación" (Tercera parte)

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Para Matilde, esta hermana (Serena Pennaroli) era un referente importante. Ella misma le había contado de qué manera la Santa Madre había sido determinante en su vida.

"Cuando Serena iba a hacer la profesión, la Madre Maestra le dijo a Madre Cabrini: ‘A la Pennaroli es mejor mandarla de vuelta a su casa, tiene tuberculosis’. La Madre le respondió: ‘no, que baje; que baje y haga la profesión junto con las demás. Será una buena religiosa’. Y así fue: hizo la profesión, vivió intensamente su vocación hasta que el Señor la llamó cuando tenía más de 100 años. La verdad es que, al principio, esta Hermana fue para mí un poco motivo de escándalo. Yo seguía siendo muy estructurada todavía y me escandalizaba la libertad con la que le hablaba a la Superiora. Me conflictuaba hasta tal punto que, cuando estaba por hacer los votos perpetuos, dije que no, que no quería hacerlos, porque para ser como Madre Serena, prefería no hacerlos. Yo estaba siempre con esa cuestión del cumplimiento estricto de la Reglas. Después, por suerte, las cosas fueron cambiando. Una vez, ella estaba en el laboriero encuadernando una biblia, entré y ella me la dio, me dio la biblia para que la leyese y me dijo: tome, pero escóndala debajo de la mantela para que no la vean. En esa época no nos estaba permitido leer la biblia. Ella me la dio y me aconsejó que no la hiciera ver y me dijo: antes no era así, pero ahora tenemos prohibido leerla. La Santa Madre hacía alusión a textos bíblicos con mucha frecuencia. La cuestión es que esta Hermana me la dio y me recomendó que la llevara debajo de la mantela y la leyera en mi celda. Es ella la que me introduce directamente a la Palabra de Dios y con eso, me introduce en la libertad. Madre Cabrini también tiene ese espíritu libre frente a las costumbres religiosas. Ha sido una mujer abierta. No hace mucho leí un libro sobre la Madre, uno que escribió un ateo y veo que él se pregunta: ¿Por qué Madre Cabrini se embarca en Granada y va hacia donde están los indios Misquitos acompañada solamente por una postulante, en un barquito por el río San Juan? Este hombre, que creo que es el último biógrafo, sabe que ella se embarca porque el Papa le encomienda la misión de ir a ver cómo estaban actuando los misioneros entre los indios. Nadie nunca dijo nada sobre por qué la Madre hace este viaje tan arriesgado y no hace nada concreto; no establece una misión ni vuelve allí. ¡Había sido mandada por el Papa! ¿Cómo se atrevió a esos lugares? Ahora, conociendo Nicaragua, uno piensa: ¿Cómo se atrevió esta mujer a esos lugares y en aquella época? Era muy libre, muy libre; tenía esa misma libertad que con el tiempo supe ver y apreciar en Madre Serena. De a poco fui comprendiendo, fui aprendiendo a ver cosas. Bueno... estoy diciendo todo esto para decir, finalmente, que a mí, desde entonces, la vida comunitaria me resultó muy ahogada. Era como cerrada. Me daba cuenta que no me estaba permitido ser lo que Madre Cabrini quería que sus hijas fuesen. Y la verdad es que quienes me abrieron el espíritu en este sentido fueron estas dos hermanas: Teresa en Capilla del Monte y Serena en Caballito” (Cfr. Viajes, De Nicaragua a New Orléans, 1982, pág 135-ss).

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lunes, 6 de septiembre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 2: "Período de formación" (Segunda parte)

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Dios siempre pone en el camino personas y acontecimientos que tal vez, en el momento, no vemos como providenciales pero que finalmente, terminan siendo determinantes. Lo providencial, en este caso, fue una enfermedad en los pulmones que empezó a molestar a Matilde.

"Me enfermo. Era el año 1950 y a raíz de esa enfermedad, me mandan a Capilla del Monte. Había estado teniendo problemas de pulmones y me quedé ahí dos meses y medio. Pasé todo el verano. Allí conocí a Madre Teresa, misionera de alma y también de la época en la que la Santa Madre todavía vivía. Ella fue la que empezó a llevarme a misionar entre la gente y eso fue como un nuevo abrirse de mi vocación. Se despertó en mi un gran amor por la misión y sobre todo, por los pobres".

Capilla del Monte

En el interior de la joven religiosa empezó a vislumbrarse lo que años más tarde, las Hermanas capitulares dejaran plasmado en las Constituciones.

"Como Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús debemos abrirnos a todos, porque Jesús acogió a todos y por todos se entregó. Sin embargo, Él mostró siempre predilección por los marginados, los débiles, los desarraigados para hacer que todos los hombres se sientan hermanos, Hijos de un mismo Padre" (Constituciones, Misión, Punto 17).

Madre Teresa me llevaba a visitar a los enfermos; a la misión de Ongamira; iba con ella de un lado al otro y pude sentir entonces el entusiasmo verdadero de ser misionera. El contacto con esta Hermana y su amor por los pobres despertó en mí el auténtico deseo de misionar. Ese fue mi despertar misionero, justamente en Capilla del Monte y conviviendo con las Hermanas de esa comunidad y como ya dije, principalmente con la Hermana Teresa.

"Fue una época difícil; parecía que todo estaba mal visto por el temor a que se relajara el espíritu del Instituto. Se tomaba la parte del cumplimiento estricto de las Reglas descartando todo lo referido al contacto con la gente. En un cierto sentido, se empezaba a perder el espíritu misionero".

Ya Madre Serena Pennaroli se lo había dicho a Matilde y le había aclarado que todo lo que estaba pasando era por temor, y no por mala voluntad.

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jueves, 2 de septiembre de 2021

Hna. Matilde - Episodio 2: "Período de formación" (Primera parte)

 

Tres meses después de Teresa, Inés ingresó al Instituto y poco tiempo después, siguió Elsa, la misma que le insistiera a su hermana que la vida religiosa era cosa de tomar muy seriamente. Las tres, desde Rosario fueron trasladadas a Buenos Aires y permanecieron aproximadamente un año en la Comunidad de Santa Rosa Centro. Después de ese período, partieron a cumplir con el período de noviciado en Brasil con dos postulantes más: Magdalena D'Amico (Madre Inés), y Alicia Passini, (Madre Rosa).

Matilde recuerda con admiración y agradecimiento a quien fuera la Madre Maestra de este grupo.

"Madre Elizabeth era francesa; una mujer cultísima que dominaba cinco idiomas y tenía una formación muy particular: la habían educado en su casa con maestras que vivían o acudían a la extensa mansión en la que habitaba con su familia. Su maestro de matemáticas había sido su propio padre. Recuerdo claramente cuando la Hermana Elizabeth contaba el día en que había llegado a Brasil un telegrama procedente de EE.UU. En ese momento estaba al frente de la Provincia la Hermana Rosario Marchese. No entendía el inglés y le pidió a ella que le leyese el contenido. Era, ni más ni menos, la fatal noticia de la muerte de la Santa Madre. En el noviciado éramos tres pares de hermanas de sangre y la Madre Maestra decía que con las únicas que se notaba era conmigo y con Luján, porque nos lo pasábamos peleando".

Cumplido el período estipulado para el noviciado, llegó el momento de la primera profesión. Teresa tomó el nombre de Matilde, Inés, el de Flora y Elsa, el de Luján; Magdalena el de Inés y Alicia, el de Rosa. Matilde, ya profesa, tuvo como destino la comunidad de Santa Rosa Caballito. El deseo de santidad seguía más vivo que nunca, pero algo daba vueltas en su corazón, algo la inquietaba.

Santa Rosa - Caballito

"La cuestión fue muy fuerte. De regreso del noviciado y ya en Santa Rosa Caballito, veía a una catequista laica que venía a dar clases de religión a los chicos del barrio. Yo limpiaba la galería una vez acabada la jornada escolar, miraba a la chica que daba catequesis y decía para mis adentros: esta muchacha está dando catequesis y nosotras acá, haciendo tareas de limpieza. No vamos a la parroquia, no estamos en contacto con el pueblo... estamos acá, encerradas".

Tenía que hablarlo con alguien. Una de las Hermanas de la comunidad era Madre Serena Pennaroli, santa mujer que había ingresado al Instituto en tiempos de Madre Cabrini. Matilde tomó coraje y decidió confiarle lo que estaba sintiendo.

"Le dije que no entendía por qué, si Madre Cabrini iba a las parroquias, estaba con los chicos, en contacto con la gente, nosotras no hacíamos lo mismo. Ella, como siempre lo hacía, me contestó con franqueza. Me dijo que era verdad, que la Santa Madre lo hacía, pero que después de su muerte, Madre Antonietta Della Casa, que asumió como su sucesora, temió mucho que se perdiera el espíritu del Instituto, y con el afán de conservarlo, se cerró. Prácticamente todo quedó entre los muros".

Después de un silencio, Matilde continúa:

"Yo sufría esta situación. Sufría la falta de contacto con el exterior. Limpiar el piso no tenía para mí, nada que ver con la misión. Lo recé mucho y finalmente, pedí permiso, insistí y algo conseguí. Nos habían comentado que detrás del Colegio vivía un señor mayor que estaba muy enfermo; empezamos a visitarlo. Todo fue muy paulatino, pero ya empezaba a hacerse carne en mí la necesidad imperiosa de estar con la gente, mezclarme con el pueblo, de poder tener una misión”.

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lunes, 30 de agosto de 2021

Hna. Matilde - Episodio 1: "El comienzo" (Cuarta parte)

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Los padres de Teresa e Inés eran hermanos, profundamente devotos y, sobre todo, amigos. Los dos eran cabeza de familia numerosa. Nueve hijos tenían José y Rosa. Rosa, la madre, era de ascendencia austríaca y su formación no era tan religiosa como la de José, pero respetaba y mucho las creencias de su marido y de sus hijos.

Ya seguro de la opción de vida de Teresa, el padre quiso una foto familiar, así que llamó a un profesional, reunió a sus hijos y quedó estampado el recuerdo.

Matilde es la segunda a la derecha; Luján la tercera a la izquierda

Después de un tiempo prudencial, el primer viernes, 9 de noviembre de 1946, Teresa ingresó al Instituto de las Misioneras del Sagrado Corazón. No sabía mucho de la vida consagrada ni del carisma que regiría el resto de sus días. Su propósito era uno, único y exclusivo, y así lo cuenta:

-Yo quería ser santa y sabía que, para eso, debía ser una monja ejemplar, cosa que solamente podía lograr con el cumplimiento estricto de las Reglas.

Era tiempo de Adviento. El primer domingo de este tiempo litúrgico las Hermanas estaban escribiendo sus propósitos, cada una en intimidad con el Señor. Cerca de mediodía, Teresa ‘sustrajo’ el libro de las Santas Reglas de la biblioteca de la comunidad y se escondió en su cama, al cobijo de las cortinas que en ese entonces las rodeaban. No hacía más de quince días que estaba en la Comunidad, pero tenía que indagar en las Reglas, descubrir qué había que hacer para lograr la santidad. Así fue que desapareció por más de dos horas. Las Hermanas, ya preocupadas, la buscaron por todas partes y ella, según sus propias palabras:

"Estaba devorándome las Reglas. Lo que tengo que conocer a fondo son las Reglas y para eso estoy acá, en el convento, para conocer lo que me ayudará a ser santa".

"Si quieren alcanzar la santidad, queridísimas hijas, deben considerar en mucho las Santas Reglas (...) En ningún otro lado, sino en las Santas Reglas está contenido todo lo necesario para alcanzar la perfección". (Cfr. Viajes, de Londres a Nueva York, agosto de 1902, pág.485-488).

¡Claro! Era el mismísimo consejo de la Santa Madre y leyendo, más bien intuyendo, porque estaban escritas en italiano, encontró la piedra del escándalo. Se dio cuenta de que las Hermanas ‘no estaban cumpliendo estrictamente’ los puntos que debían observarse en el tiempo de Adviento.

Se ríe Matilde mientras recuerda este episodio que la muestra totalmente legalista:

"¡Ay! ¡Lo que hay que observar para esta fecha las monjas no lo están cumpliendo!"

Es que durante el Adviento no se podían recibir visitas de familiares y parece que ese domingo, algunos padres habían llegado a ver a sus hijas. Fue como si un pichón detectara imperfecciones en el vuelo de la bandada; como si buscara descubrir la infracción. Pero el Espíritu es fuego, y el fuego doblega hasta lo más rígido y lo vuelve flexible; tan maleable deja lo que toca que le da la libertad de tomar las formas más variadas y a veces, las más inverosímiles. El Espíritu te lleva a Damasco, te tumba del caballo, te deja ciego, te hace entablar luchas interiores tan terribles que se sienten como "espinas clavadas en la carne" (Cfr.2 Cor. 12,7) y finalmente, te hace tomar ese mismo fuego que es el que Jesús vino a traer al mundo, y te impulsa a extenderlo para que se expanda en la tierra de misión y:

"Se le restituya al hombre su dignidad de persona y de hijo de Dios" (Cfr. Constituciones, Misión, 15, pág. 51).

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